Capítulo 24. Adam

Sarah y él no necesitaron decir nada para darse cuenta de que ambos deseaban lo mismo. Sarah despertaba en él un deseo primitivo, que lo encendía, y lo instaba a tomarla con una necesidad y una urgencia que jamás había sentido con ninguna mujer. Y aún peor, era que ya notaba como su lobo gruñía en su interior, instándolo a tomarla.

Adam la agarró por la nuca, y sin contemplaciones devoró su boca. Ella gimió cuando sus labios chocaron, pero no debió de importarle, porque Adam sintió como abría s
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