Abraxas
Mis ojos recorrieron la herida en la cara de Madison. Klaus había hecho un buen trabajo suturándola, limpiándola lo mejor posible, pero era como él había dicho, le quedaría una cicatriz, un recuerdo permanente de lo sucedido.
Ya no podía curarse, todo le podía hacer daño.
Su respiración es lenta y constante. Unos feos moretones morados cubren su pálida piel y su alma se quiebra mientras la observo.
Ya no podía sentir una conexión con ella. No podría olerla como mi pareja y, a pesar d