Dane
Casandra tose mientras mis dedos se aprietan contra su garganta. Sus propios dedos arañaron desesperadamente mis manos, esperando que la liberara.
“¿Lo estás cultivando?”, le grito, soltando mi agarre, lo suficiente para permitirle hablar.
“No”. Ella grazna.
“Entonces, ¿cómo los conseguiste? ¿Es Trey o el otro maldito idiota el que lo está cultivando?”.
“¡Lo encontré!”, murmura con voz ronca.
“¡Mentira!”.
“No es... ¡No es mentira!”. Ella farfulla: “¡Es... es la verdad!”.
“¿A quié