Punto de vista de Rosalie
Sentada con el tazón de galletas sobre el regazo, me observaba con el semblante serio. No era la mirada pícara que ponía cuando estaba a punto de hacer una travesura, ni la de curiosidad que adoptaba cada vez que aprendía algo nuevo.
Aquello era distinto. Su rostro reflejaba una madurez que iba mucho más allá de sus seis años.
—¿A qué te refieres?
—Por las noches —dijo—. Cuando duermo, a veces te despiertas. Te escucho caminar de un lado a otro, o enciendes la radio. —