54. Maldición
Celine
Jordan me levantó y se fue directamente a su habitación. Nuestros labios no se separaron en ningún momento y sentí el impulso de estar con él. El deseo ardía en nuestros ojos, reflejando la desesperación que sentíamos.
Cuando entramos en la habitación, me depositó suavemente en la cama, sin romper el beso. Sus fuertes manos exploraron mi cuerpo, transmitiendo la urgencia de aquel momento. Con fuerza me abrió la camisa, haciendo que los botones salieran volando.
La habitación estaba impre