“¿Esperas que me crea esas tonterías? Siempre estuviste obsesionada con él”, dijo ella con burla y yo resoplé a su vez.
“Y ahora parece que eres tú la que está obsesionada con él... ahora si me disculpas, tengo que irme. Ya me hiciste perder bastante tiempo”.
“No he terminado de hablar contigo, perra”.
La ignoré pero sus siguientes palabras me dejaron helada.
“Te juro, Ava, que si te vas, encontraré al bastardo de tu hijo y le haré pagar por todo. Después de todo, él es la otra razón por