“Gabriel”.
Una vez que él ha probado el estiramiento, asegurándose de que estoy bien preparada, agrega otro, ambos bombeando dentro y fuera de mí, enroscándose para raspar mi punto G. No pasa mucho tiempo antes de que llegue mi orgasmo.
La mirada entornada de Gabriel se encuentra con la mía, nuestros labios están a solo una fracción de distancia el uno del otro, mientras compartimos respiraciones en pequeñas bocanadas de aire. Lo que sea que ve en mi rostro lo hace sonreír y otro dedo gira con