Rowan.
Habían pasado dos días desde que se supo la verdad, y aún no había superado lo del beso.
Cuando agaché mi cabeza para besar a Ava, esperaba que me apartara. Peor aún, que me abofeteara. No podía negar que me sorprendió que me dejara besarla. Esa sorpresa pronto se convirtió en felicidad y alegría.
No podía creer que hubiera pasado tanto tiempo sin besarla. Sus labios eran suaves, y su boca era adictiva. Podría pasarme la vida besándola y sería feliz.
De nuevo, digo, fui un maldito