Besándolo por toda la cara, lo abracé más fuerte.
“¡Mamá!”. Soltó una risita, pero no me aparté.
“¡Te he extrañado mucho! ¿Cómo es que estás aquí ahora mismo?”, le pregunté mientras me alejaba un poco aunque no lo soltaba.
Ambos estábamos en el suelo, pero no me importaba. Estaba jodidamente feliz de tenerlo aquí conmigo.
“Papá, vino a buscarme. Dijo que me necesitabas. Se suponía que era una sorpresa, por eso no te lo dije cuando hablamos ayer”.
Solo después de mencionar a su padre me