Entra en mi espacio para que estemos pecho con pecho. Sus ojos brillan y sus fosas nasales se dilatan. Me mantengo firme. Negarme a dejar que me intimide.
"No me estoy yendo. Ahora cancela esa maldita orden y mete tu trasero en mi auto”, gruñe entre dientes. Una tormenta se avecina detrás de sus ojos tormentosos.
Mi temperamento comienza a aumentar y aprieto el puño. Normalmente lo bajaba porque no quería enojarlo, pero ya me importa un carajo.
“Eres un arrogante hijo de puta… ¿quién diablos