LA MARCA DEL ALFA.
LA MARCA DEL ALFA.
― ¡Oh, diosa! ¡Malakay!
Los muslos de Erika temblaban y sus dedos se enredaron en el cabello del Alfa. El pecho de Malakay podría haber explotado de satisfacción cuando la escucho gritar su nombre.
La lengua del lobo se enroscó alrededor de su clítoris y luego lo acaricio con lentitud. Erika gimió su nombre una vez más.
―Malakay… ―el pecho de la mujer subía y bajaba descontrolado ―Alfa…
― ¿Quieres correrte duro? ―pregunto.
―Por favor, Alfa, por favor. ―suplico.
Él agarr