EPÍLOGO.
EPÍLOGO.
La primera luz del alba pintaba el cielo de tonos rosados y dorados, mientras Lorenzo, con Alessio acunado en su brazo izquierdo, guiaba a Serafina hacia la cima de la colina. Serafina, sosteniendo a su nuevo hijo contra su pecho, caminaba con la gracia de quien conoce la profundidad de la vida. La brisa fresca de la mañana acariciaba sus pelajes, jugando con las hebras como si quisiera participar en el momento sagrado.
Al llegar a la cúspide, los rayos del sol naciente los envolviero