Stephanie estaba parada en la puerta, había estado contando las horas hasta poder ver a Caleb nuevamente. Sus conversaciones telefónicas durante los últimos dos días habían sido encantadoras, pero nada comparadas con la calidez de un abrazo físico. El organizador de eventos que contrató había transformado el lugar maravillosamente, pero la participación de Stephanie en el proceso había sido práctica. Quería que todo fuera perfecto, no sólo para Caleb, sino también para Kayla.
Kayla, sin embargo