—¡Ha empezado!
Sasha gimió y se dio la vuelta para ponerse la almohada sobre la oreja. Era imposible que se levantara a estas horas.
—Cállate Grace—, murmuró incoherentemente, dándose la vuelta para ver que Grace estaba recién duchada, y llevaba unos pantalones de cuero negro, y una camisa negra muy ajustada.
—Arriba y a por ellos—, llamó Grace, pasando un cepillo por su espesa cabellera. Sasha contempló la posibilidad de saltar y agarrar ese bonito cuello suyo.
Sentada, Grace enroscó la cara m