PUNTO DE VISITA DE CAMILLE
Me dolían las piernas cuando tropecé con el camino. Debo haber mirado un espectáculo. Mi pelo, una fregona despeinada, enredada y manchada de sangre. Cenizas y polvo se aferraban a mi maltrecho cuerpo, mientras que ropa rota y jeans ensangrentados me adornaban como si hubiera salido de un campo de batalla. Las lágrimas corrían por mi rostro mientras saludaba débilmente a un camión que pasaba.
"¿Se encuentra bien, señorita?" preguntó el conductor, con preocupación evid