Cuando Kazuo entró corriendo al sótano con rabia y una daga en la mano, las manos de Finley ya estaban atadas y los soldados de Diez Mil Ejércitos lo habían colgado.
Finley y Homer seguían maldiciéndose entre ellos. Se odiaban y al mismo tiempo no se olvidaban de echarle la culpa a la otra persona.
Cuando vieron entrar a Kazuo después de abrir la puerta, ambos dejaron de maldecir a la vez y temblaron nerviosamente.
Homer temía que Kazuo utilizara la daga para cortar algo de su cuerpo.
Por ot