—Bien, te espero una semana —dijo.
Sin ser capaz de presionarla más, se limitó a mirarla fijamente antes de darse la vuelta y marcharse.
«Es realmente autoritario», pensó Diana, suspirando aliviada.
Rápidamente, se pegó a la pared, sintiendo que la presencia distintiva del hombre aún no se disipaba, mientras su corazón latía inexplicablemente rápido.
Mientras tanto, en un rincón al otro lado de la calle.
Una figura se escondía furtivamente y grababa discretamente la interacción entre Diana y Va