Mundo ficciónIniciar sesiónJoder... ¿Quién m****a me molesta a esta hora?
Mi teléfono vibraba como un insecto enloquecido sobre la mesita de noche, despertándome de mi agradable sueño. Abrí un ojo y miré el despertador. Las cinco y cuarenta y tres de la mañana. Tienes que estar bromeando. Al tomar el teléfono y enfocar la mirada, vi que se trataba del idiota de Holden. Holden: Despierta, futura esposa... Necesito aire y tú un cómplice atractivo. En el parque en 20. Andrea irá por ti. Gimoteé, hundiéndome en la almohada, y pataleé como si fuera una niña. ¿Aire? A esta hora lo único que necesitaba eran otras cuatro horas de sueño, pero sabía que negarme era inútil. El idiota era capaz de venir a casa a buscarme si no iba. Me levanté, muy a mi pesar y, después de ducharme, me puse un holgado conjunto deportivo. Antes de irme, le mandé un mensaje rápido a mi madre diciéndole que saldría a caminar temprano porque la cena me había caído mal. No era mentira; todavía sentía el sabor amargo de los comentarios de Amira. Cuando llegué, Andrea ya estaba en la esquina del parque, apoyada contra la SUV negra. Vestía unos leggings negros y una chaqueta de entrenamiento que no lograba ocultar su físico atlético. Su cabello castaño ondulado caía sobre sus hombros, y su sonrisa era mucho más amable que la de Holden a esta hora. Ella era realmente hermosa. —Pareces un fantasma, Adara —me saludó al verme acercarme—. Dime algo, ¿te obligó con la técnica de la culpa o con la de la extorsión? —Con la de "necesito aire" —respondí suspirando y subiendo al auto—. Lo cual es nuevo... Últimamente está bastante creativo. —Es un idiota... Estoy segura de que otra vez se metió en problemas. Abróchate el cinturón, futura señora Somerset —arrancó con suavidad mientras yo rodaba los ojos—. ¿Y cómo fue la velada familiar anoche? ¿Tu hermana la bruja te mostró más de sus extravagantes regalos? Suspiré, recostándome en el asiento. No importaba lo que hiciera, la conversación siempre giraba en torno a Amira. —Lo último fueron unos pendientes de perlas. También me dio un discurso sobre cómo "algunas mujeres" valoraban los lujos y otras… no. La obra de teatro de siempre, no hay nada nuevo. —Odio a esa mujer y ni siquiera la conozco —masculló Andrea, cambiando de carril—. Por eso esto es tan bueno para ti, Adara. Vas a darles una lección a tu familia que nunca olvidarán. —Tú… crees que esto es una buena idea, ¿cierto? Lo del matrimonio. Ella ladeó la cabeza, pensativa. —¿Con Holden? Bueno, es el tipo más leal que conozco, Adara. Es terco, exagerado y con el humor de un niño de doce años, pero leal. Si te promete algo, lo cumplirá. Y si te prometió humillar a tu hermana, créeme, lo hará con una sonrisa de oreja a oreja... Yo, si pudiera, me habría casado con él en un segundo. Me quedé mirándola, sorprendida. —¿En serio? —¡Claro! Te está pagando muchísimo dinero solo por verte bonita y ser buena con él. Además de la diversión y la satisfacción de poder callar a mi propia familia, que aún espera que recapacite y encuentre un buen hombre... Pero todos saben que me gustan las mujeres. Eso sería un fraude muy obvio. —Oh. —Pero tú, señorita, eres la única que puede hacer esto... Porque la química y la confianza de amigos ya la tienen. Solo tienen que… exagerarla un poco y todos caerán redonditos ante la historia de amor. —¿Y no crees que es raro? Digo, nos estás ayudando a mantener una farsa. Si el abuelo de Holden lo descubre, podrías perder tu trabajo. Andrea soltó una carcajada e hizo un gesto con la mano. —¿Raro? Este es el entretenimiento más grande que he tenido en años, Adara. Además, alguien tiene que mantener a ese idiota con los pies en la tierra... o al menos intentarlo. Y sobre el señor Somerset, te recuerdo que yo trabajo para su nieto, no para él, así que no habrá problema. Después de eso no dijimos nada más, hasta que finalmente llegamos a una avenida exclusiva donde las boutiques tenían nombres en francés o italiano y los escaparates solo exhibían lo último en tendencias. Fuera de una de ellas, caminando en círculos como un tigre enjaulado, estaba Holden. ¿Qué hacemos en este lugar? —Ahí tienes a tu prometido —señaló Andrea con la barbilla—. Parece que se ha bebido tres cafés de un trago. Suerte, querida. La voy a necesitar. Holden se acercó casi antes de que yo saliera del auto con los brazos cruzados. —Dios, qué lentas son. Llevo congelándome en este lugar más de diez minutos. Los dependientes están dentro, esperando por nosotros. ¿Eh? —Holden, son las seis y media de la mañana —protesté—. ¿Qué demonios puede ser tan urgente? ¿Qué hacemos aquí? —La cena —dijo él, como si fuera obvio—. Es hoy. ¿Qué? Dejé de respirar por un segundo. —¿Hoy? ¡Holden, me dijiste que tendríamos tiempo! ¡Que primero hablaríamos con tu abuelo en privado! ¡¿Cómo me voy a presentar ante los Somerset así como así?! —Los planes cambiaron, Godoy —él se encogió de hombros y yo casi lo golpeé—. Anoche, después de dejarte, el abuelo me citó en su estudio... con su abogado presente. El ultimátum fue claro; o le presentaba a mi prometida en las próximas cuarenta y ocho horas, o él empezaría a redirigir los fondos de la herencia hacia un santuario de alpacas. Alpacas, Adara. No podía permitirlo... Tengo grandes planes de inversión y no me puedo permitir perder mi dinero. —¡Podrías haberme llamado! ¿Acaso no sabes para qué se inventaron los teléfonos? —¿Y qué? ¿Para que pasaras la noche en vela pensando en tonterías? No. Es mejor así, de sorpresa. Sin tiempo para que te pongas nerviosa. Definitivamente voy a matarlo. —¡Estoy nerviosa, Holden! ¡No tenemos un guion! ¿Qué diablos voy a decirles? —Diles lo que sea —me dijo, agarrando mi mano y tirando de mí hacia la boutique. Para él todo esto era un simple juego—. Sonríe y sé tú misma, la Adara inteligente y sarcástica que conozco. Eso les encantará. Bueno, a mi abuelo le encantará. A mis padres… supongo que les caerás bien cuando vean el anillo. —¡Ni siquiera lo tengo aquí! —Sí lo tienes —apareció Andrea a mi lado con la pequeña bolsa de terciopelo—. Lo recogí de la caja fuerte esta mañana. Sabía que mi jefecito tramaba algo cuando me dijo que te buscara. Joder, ya no tengo cómo huir.






