Caminé durante horas, sin rumbo y teniendo como único acompañante el dolor clavado en mi pecho.
Las calles de la ciudad pasaban a mi lado, pero ni siquiera sabía con exactitud en dónde estaba; no le prestaba atención a mi alrededor. Me había encerrado en mi cabeza y solo actuaba de forma automática.
Me sentía vacía, enojada e incluso estúpida por haber cometido uno de los mayores errores de mi vida.
Enamorarme de mi mejor amigo.
¿Siquiera estás enamorada, Godoy?
Quizás solo estás deslumbrada. E