—¿Por qué tengo que ir yo también? —Víctor frunció el ceño y cruzó los brazos sobre su pecho con notable molestia.
—Deja de quejarte, no te hace daño aprender a defenderte. —Lucian a su lado terminaba de ponerse el equipo de entrenamiento.
—Ya te lo expliqué. —Su padre se detuvo frente al menor y apoyó ambas manos en los hombros de su hijo, enfrentando su mirada. —Nuestra familia tiene muchos enemigos, y es deber tuyo y de tu hermano acabar con todos ellos, antes de que ellos terminen con nosot