Antes de que Marcus y Helena se fueran, Marcus puso una mano pesada en el hombro de Damien.
—Maneja esto tú mismo. Limpia tu propio desastre.
Damien lentamente se volteó para enfrentar a Sera, quien estaba atada fuertemente con cadenas de plata que quemaban contra su piel. El metal ya había dejado ronchas rojas enojadas donde tocaba su carne.
La rabia se alzó a través de su pecho como lava fundida, amenazando con consumirlo completamente.
Sin advertencia, agarró su barbilla bruscamente, forzándo