William contemplaba la pantalla del ordenador con los puños fuertemente apretados para evitar que le temblaran las manos.
Desde el primer mensaje que recibió tras el incidente del hackeo, había estado recibiendo mensajes similares todas las semanas.
Y cada uno era más detallado que el anterior.
Dejó escapar un gemido de frustración, incapaz de apartar la vista de la imagen que aparecía en la pantalla.
Aquella imagen lo transportó de inmediato a ese fatídico día.
La supuesta cena familiar que ma