—¡Oh! ¡Ya estás aquí! —exclamó Celina al abrir la puerta y encontrar a Lily de pie frente a ella, luciendo incómoda.
—¡Hola! —saludó Lily con una sonrisa algo forzada, sintiendo las miradas de las personas que pasaban por el pasillo sobre ella.
Celina soltó una risita al notar lo incómoda que estaba. La tomó del brazo, la hizo entrar en la residencia ejecutiva y cerró la puerta detrás de ellas.
—Lo siento por llamarte tan tarde —dijo Celina con un suspiro—. No había nadie más a quien pudiera ll