Nyla Lenore
Castiel se fue después de una larga cena, y en los rostros del duque y la duquesa era evidente la curiosidad por cómo mi actitud había cambiado. Sin embargo, usando la excusa de que no me sentía bien, pedí que trajeran a un sacerdote de la diosa de la luna y me recluí en mi habitación.
Esas personas eran tan amables y dulces que a veces olvidaba lo que realmente eran.
Monstruos.
Seres que en nada se parecían a los humanos, excepto, por supuesto, por la apariencia que usaban. Por la