Narrado por Sergio
Los días siguientes fueron una tortura silenciosa. Hellen caminaba por la casa como un recuerdo vivo de aquello que yo temía profundamente perder. Desde aquella mañana — desde el beso que ella transformó en huida — la distancia entre nosotros se convirtió en un abismo, y eso me estaba enloqueciendo.
Ella ya no me miraba. Cuando nos cruzábamos en el pasillo, desviaba el rostro como si cada una de mis miradas fuera una amenaza. Y tal vez lo fuera. Porque dentro de mí, el deseo