El punto de vista de Elena
La consciencia volvió en pedazos.
No iba a dejarles saber que conocía a su empleadora. Todavía no.
Escuché voces bajas en algún lugar del almacén, el raspado de una bota en el concreto. Luego la sensación de la silla debajo de mí, dura contra mi espalda. Luego el peso de las cadenas en mis muñecas, el metal frío e inflexible.
Mi mejilla palpitaba como si tuviera su propio latido.
Mantuve los ojos cerrados esta vez, solo escuchando. Tres voces, quizás cuatro. El olor a