La Duda y la Dicha del Amanecer
Las pestañas de Mira se abrieron lentamente mientras cintas doradas del amanecer se deslizaban entre las cortinas. Permaneció inmóvil, con los dedos entrelazados con los de Thane bajo las sábanas, el corazón atado por igual a la esperanza y al miedo.
—Buenos días —murmuró Thane, con una voz tan baja como un secreto. Su pulgar dibujó lentos círculos sobre el dorso de su mano.
—Buenos días —respondió ella, con la voz cargada de sueño y asombro. Se movió ligeramente