MARION
“Podemos meternos en la cama y acurrucarnos después de ducharnos”, bromea Demetria en cuanto entramos en nuestra suite. Por la forma en que sus grandes y profundos ojos color café espresso me miraban fijamente, supe que acurrucarnos era lo último que quería. Sin duda, era lo último que yo quería hacer.
“No. Hoy me he portado bien con el hermano de Anastasia, Wildfire. Me he ganado algo más que unos cuantos abrazos”, le dije. Lo habría machacado por cómo coqueteaba y tocaba a mi Wildfire,