—Que despejen el camino —respondió Cale con brevedad.
No se apresuró a perseguirlos. Fue justo esa calma la que empezó a inquietar a Silas. Silas siguió retrocediendo sin apartar la mirada de Cale, que avanzaba hacia él con paso tranquilo.
Silas se rio, a pesar de que respiraba con creciente dificultad.
—Tengo que admitir que tu compostura es admirable, Cale —dijo entre risas—. Mientras tanto, Lydia podría estar exhalando su último aliento.
Cale no respondió.
—¿Sabes qué es lo más gracioso? —Sil