Jasper no perdió más tiempo. En cuanto confirmó que el pasillo de afuera seguía vacío, tomó la radio que llevaba sujeta al hombro.
—Unidad Siete.
Una voz respondió enseguida desde el otro extremo:
—Sí, señor Jasper.
—Preparen el vehículo en la entrada trasera. Dejen el motor encendido y asegúrense de que haya escolta.
—Entendido.
Jasper retrocedió hacia el umbral y recorrió con la mirada el pasillo, donde empezaba a extenderse una fina capa de humo. Los disparos del piso inferior eran cada vez m