—No estés tan nerviosa —advirtió Chris.
Naomi volteó a mirarlo.
—No estoy nerviosa.
—¿Entonces por qué estás tan callada desde que subimos al auto?
Naomi chasqueó la lengua con fastidio. Compartir el auto con Chris fue la peor idea. Desde que ese hombre llegó a la casa de Cale, el estado de ánimo de Naomi era un caos. Chris se burlaba de ella con frecuencia, le jugaba bromas y, de vez en cuando, la hacía levantar la voz en medio de sus discusiones interminables.
—Solo no tengo ganas de hablar.
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