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—De verdad estoy deseando trabajar con usted también, señorita Arnold.

Tony le estrechó la mano, sintiendo su tacto durante todo el tiempo que pudo. Era casi como si se hubieran olvidado de todos los presentes en la habitación, pues ambos estaban perdidos en la mirada del otro.

No fue hasta que Tony se dio cuenta de que había sostenido su mano durante demasiado tiempo que la soltó y se aclaró la garganta. Vio las expresiones en los rostros de las demás enfermeras y comprendió que aquello debió
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