CAPÍTULO 20

Asentí a la sugerencia de Anna, pero al escuchar un motor ser arrancado con violencia, salí corriendo hacia fuera.

— ¡NOAH! —grité, ya siendo tarde, había pasado los portones.

—Mierda.

—Maldición.

Dijeron al unísono los dos esposos.

—Él no puede manejar, por su visión lateral se ha ido. ¡Que vamos hacer! —Comenté desesperada, él estaba propenso a sufrir un accidente.

—Se llevó su auto, el único auto que no tiene rastreador —explicó Gabriel, llev

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