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—¡Estamos aquí Elif! —grité—. Saca los documentos.
Estaba tenso, estaba cargando con tanto últimamente, que temía explotar mi ira con un inocente.
— ¿Dónde estabas? —quiso saber. Tenía una sonrisa de oreja a oreja. La victoria iluminaba su rostro—. ¿Quién es este señor?
—Es el juez que nos casará —expliqué, agarrando el documento y firmándolo—. Ahora firma Elif.
— ¿Q-Qué? no entiendo —Miró sucesivamente al juez y a mi varias veces. Su pequeño cerebro aun no procesaba la información—. ¿Nos c