Capítulo 3

POV Tessa

Noviembre de 2018

Mi corazón latía con tanta fuerza que podía sentirlo hasta en las manos.

Quizá también en la cara.

Tal vez Matteo también pudiera notarlo.

La idea hizo que el estómago se me revolviera al instante.

El ascensor subía lentamente mientras yo observaba los números cambiar sobre la puerta, intentando parecer normal. Tranquila. Madura.

Pero era imposible.

Porque aquello estaba ocurriendo de verdad.

Estaba subiendo a una habitación de hotel con Matteo.

Y solo de pensarlo sentía que mi cerebro dejaba de funcionar.

Lo peor era que él parecía increíblemente tranquilo.

Relajado, apoyado contra la pared de espejo del ascensor, como si no estuviera a punto de cambiar mi vida por completo.

Probablemente para él no fuera gran cosa.

Sentí un nudo en el pecho al pensarlo.

No porque Matteo fuera cruel.

Sino porque tenía experiencia.

Yo no.

Había salido con chicas guapísimas. Había estado con la mitad de las chicas populares del colegio. Seguramente ya había vivido algo así mil veces, mientras que yo todavía me ponía nerviosa cuando me tomaba de la mano en público.

Entonces, ¿por qué iba a estar nervioso?

La verdad era muy sencilla.

No lo estaba.

La única que estaba al borde de un ataque de nervios era yo.

—Ven aquí.

Parpadeé, saliendo de mis pensamientos.

—¿Qué?

Matteo levantó el móvil.

—Una foto.

Abrí los ojos de par en par.

—¿Ahora?

—Ahora.

—Matteo…

Soltó una risa baja.

—Vamos, Tess.

Terminé acercándome a él, un poco cohibida.

Su brazo rodeó mi cintura con total naturalidad y atrajo mi cuerpo hacia el suyo mientras abría la cámara frente al espejo del ascensor.

Mi corazón perdió por completo el control.

Porque parecíamos…

Una pareja de verdad.

Él inclinó ligeramente la cabeza hacia la mía mientras observaba la pantalla.

—Estás preciosa —murmuró distraídamente, como si solo hubiera pensado en voz alta.

Sentí que toda la cara me ardía.

—¿Para qué quieres la foto?

Se encogió de hombros.

Pero su sonrisa se hizo un poco más pequeña.

—Quiero recordar este día.

Aquellas palabras me llegaron demasiado hondo.

La foto salió sin flash.

Solo nosotros dos reflejados en el espejo dorado del ascensor, demasiado cerca el uno del otro, demasiado felices.

El tipo de fotografía que parecía íntima sin mostrar casi nada.

Las puertas se abrieron unos segundos después.

Yo seguía intentando controlar la respiración cuando Matteo sacó la llave de la habitación del bolsillo y la hizo girar entre los dedos.

—Ventajas de haber cumplido por fin los dieciocho.

Solté una risita nerviosa.

—Es impresionante lo creído que te has vuelto desde que eres oficialmente un adulto.

Giró lentamente la cabeza hacia mí.

Y la sonrisa que apareció en la comisura de sus labios hizo que todo mi cuerpo se estremeciera.

—Todavía no has visto nada.

La respiración se me cortó al instante.

Antes de que pudiera responder, volvió a rodearme la cintura.

Pero esta vez fue diferente.

Con más firmeza.

Más cerca.

El beso llegó antes de que pudiera pensar.

Y no fue como los besos rápidos y tímidos de las últimas semanas.

Fue lento.

Cálido.

Intenso de una manera que hizo que mis piernas flaquearan casi de inmediato.

Mi mano se aferró automáticamente a su camisa mientras los dedos de Matteo recorrían lentamente mi espalda.

Más abajo.

Con más atrevimiento.

Como si estuviera intentando volverme loca poco a poco.

Y quizá lo estaba consiguiendo.

Porque cuando se apartó apenas lo suficiente para respirar, mi cabeza ya era un completo caos.

Sus ojos encontraron los míos durante un instante.

Oscuros.

Cálidos.

Y eso hizo que mi corazón volviera a desbocarse.

La puerta de la habitación apareció unos pasos más adelante, pero parecía estar lejísimos porque apenas podía pensar con claridad.

Matteo abrió la puerta mientras yo intentaba, inútilmente, recuperar un poco de sentido común.

¿De verdad iba a pasar?

Dios mío.

De verdad iba a pasar.

La habitación era preciosa. Demasiado grande. Demasiado elegante.

Pero apenas pude prestarle atención porque mi mente estaba demasiado ocupada intentando sobrevivir a su cercanía.

La puerta se cerró detrás de nosotros.

El silencio cayó con fuerza sobre la habitación.

Y, por primera vez aquella noche, Matteo también pareció nervioso.

Eso me tomó completamente por sorpresa.

Porque apartó la mirada durante medio segundo.

Respiró hondo.

Y luego volvió a mirarme con esa intensidad que hacía que todo dentro de mí se derritiera.

Mi corazón empezó a latir aún más deprisa.

Volvió a besarme despacio.

Como si quisiera saborear cada segundo.

Y fue precisamente eso lo que me dio valor.

Mis manos encontraron otra vez su camisa.

Con dedos temblorosos desabroché el primer botón.

Luego el segundo.

Y después el tercero.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP