Vanesa apenas había avanzado unos pasos en el salón cuando notó que otro hombre, de aspecto elegante y distinguido, se acercaba hacia ella. Era de complexión marcada, rasgos asiáticos, con el cabello cuidadosamente peinado hacia atrás y un traje negro que denotaba un gusto impecable. Él le dedicó una amplia sonrisa y, sin titubear, inclinó ligeramente la cabeza en un gesto respetuoso.
—Señora… —dijo en un tono cálido, con un ligero acento extranjero. Al presentarse, extendiendo una mano con