Un minuto de locura…
Gianna.
Habíamos regresado a la oficina para terminar el plan que debía entregar para mañana. Era la primera ayuda que le daría para reclutar a un posible cliente, que traería una buena ganancia. El tiempo había volado y todos en la compañía se habían ido. Solo quedamos Mikhail y yo. Él se comprometió en ayudarme a hacer unas modificaciones, así que ahora lo estaba esperando en su oficina, para terminar de corregirlo.
—Siento mucho la tardanza —dice, cerrando la puerta—. Tu