Leena levantó la vista sorprendida, atrapada en sus palabras. ¿No hay una segunda oportunidad? Planeaba ganar tiempo, pero tal vez debería reconsiderarlo.
El sol de la tarde entraba a través de las hojas revoloteando y tocaba el rostro de Kevin. Parecía aún más deslumbrante bajo la radiante luz del sol. Se reclinó contra el árbol en silencio, con sus fríos ojos fijos en la carita fuertemente arrugada de Leena. Esperó su respuesta final.
—Está bien. Si no me presento ese día, eso significa q