Can jamás había tenido una vida familiar, por lo que ahora, estar con Sira y Marina en aquella casa lejos de todo, era lo más parecido a eso. Amaba estar ahí con ellas. El desayuno por las mañanas cocinando por ambos, el enseñar a su hija a nadar en ambas piscinas, recolectar conchas en el mar y ponerlas en una cubeta, esas caminatas a lo largo de la playa pero, sobre todo, verlas felices.
Marina no paraba de sonreír, sólo quería estar a su lado, incluso cuando se quedaba dormida después de tan