45. Mantén tus manos lejos de mi
Como un fantasma oscuro, el vehículo deportivo de Octavio se deslizaba por las calles hacia el edificio donde vivía Sam. Sus dos ocupantes iban en silencio, cada uno sumergido en sus pensamientos.
Sam se sentía mucho peor ahora que Octavio la había besado, no sabía si sería capaz de verlo a la cara en la universidad. Lo único que sabía era que debía dejarle claro que no podía corresponderle, que el que no se resistiera esta vez no significaba que estuviera aceptando sus intentos y que no lo iba