22. Como flotando en una nube
Samantha entró a su apartamento muy tranquila, tanto como hacía mucho tiempo no se sentía.
David la había acompañado, habían tomado un taxi juntos y la había dejado frente a su edificio. Ella había insistido en pagar el taxi, pero el como buen caballero no lo permitió. Así que ella le agradeció y le aseguró que, si llegaban a compartir nuevamente uno, correría por su cuenta. David se veía complacido al escucharla.
Lanzando su bolso al sofá, Sam pasó a la cocina para buscar algo de beber, en es