Desde ese momento los dos se vuelven uno solo, por las mañanas Noah se encarga de limpiar lo que ensucia por las noches… y no, no es la cocina.
Los días se pasan para ellos con la mayor normalidad del mundo, hasta que el viernes por la mañana, Noah se levanta tenso y a Elena no le pasa desapercibido, por lo que se mete a la ducha con él sin avisarle y se aferra por la espalda, pegando su mejilla en aquella dureza que aún tiene marcas de la noche anterior.
—¿Qué pasa?
—Nada…
—Noah, te conozco de