Qué mujer más loca.
Ante esa escena, Darryl no pudo evitar reflexionar para sus adentros. Esa dama realmente podía contener su dolor, incluso después de haber sido herida tan gravemente.
Darryl se acercó cada vez más, apuntando con su larga espada al pecho de Raquel. “Voy a preguntártelo por última vez. ¿Dónde está la Maestra de Palacio?”.
Mientras hablaba, los ojos de Darryl estaban enrojecidos de rabia y ya no podía contener su ira durante más tiempo.
Raquel miró la espada que la apuntaba