Queenie estaba llena de desesperanza y agonía.
Había pasado todos esos años vagando por el mundo con su maestra, aprendiendo innumerables habilidades y acumulando poderes. Sin embargo, parecía que ese mald*to desvergonzado mancillaría su pureza.
Eso era muy injusto.
Queenie no pudo evitar las lágrimas que corrían por su rostro. Podía sentir que los labios de Sergio estaban a punto de tocar los suyos y su corazón se marchitaba sin remedio.
“¡Deja de hacer lo que estás haciendo!”.
En el últim