La ira de Khloris no desanimó a Diego. Al contrario, aumentó su entusiasmo. Él sonrió y le dijo: "¡Te ves tan encantadora cuando te enfadas, Khloris! ¿Sabes lo mucho que he anhelado por ti estos años?".
"Vamos, sé mi esposa. ¡No te maltrataré!".
Diego desenvainó su espada larga y cortó las cuerdas de las extremidades de Khloris con un solo movimiento.
Un destello siniestro brilló en los ojos de Diego cuando levantó su brazo, ¡deslizándose en dirección hacia Khloris!
Diego se movió rápido. A