El Rey Tigre Blanco sabía que era la culpa de Mona y que el Rey Tortuga Negra no tuvo la culpa en absoluto, a pesar de que levantó su mano hacia ella.
Sin embargo, Mona era su hija. Ningún padre habría sido capaz de ver que eso sucediera sin hacer nada al respecto.
Los puños del Rey Tigre Blanco y el Rey Tigre Negro chocaron con golpes sordos. Sus cejas se fruncieron mientras ambos tropezaban hacia atrás por el impacto.
Estaba claro que el golpe no había determinado un ganador definitivo.
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