No muy lejos en el cielo, cientos de miles de personas llegaron volando a través de las nubes como un maremoto. ¡Vestían armaduras y sostenían largas lanzas, haciéndolos lucir muy imponentes! Debían ser los soldados y generales de la Región Divina.
Frente a estos soldados había una carroza tirada por ocho caballos celestiales en el que se alzaba orgullosamente una figura magnífica. Esta estaba vestida con una armadura de batalla púrpura y dorada mientras sostenía una espada larga de luna crecie