“¿Hablas en serio?”, preguntó Agatha con una cara oscurecida.
“¡Sí!”.
“¿El eslogan de la Puerta del Elíseo no es castigar el mal y defender el bien para traer justicia a la humanidad? ¿Ahora quieres lavarte las manos y dejar el mundo de los cultivadores?”.
“Así es”.
Al verlo tan decidido, Agatha se mordió los labios. “Sabio Viento, enciérralo en la mazmorra de piedra. Tráemelo cuando haya cambiado de opinión”.
¿Cómo pudo rechazar su invitación, la cual había dado de buena fe? ¿Cómo podría l