Para su asombro, Ivy sintió que el extraño picor atacaba de nuevo su cuerpo, y no pudo evitar soltar una risita. "Darryl, no quiero seguir con la apuesta. ¡Basta ya! ¡Para!".
Ivy aún no había averiguado qué estaba pasando, pero sabía que las extrañas sensaciones en su cuerpo debían estar relacionadas con Darryl.
Al mismo tiempo, Ivy tenía ganas de soltar la bola de cristal, pero parecía que se había pegado a sus manos y no podía tirarla.
Por un momento, la sensación de cosquilleo hizo que