No obstante, su energía interna estaba al límite. Ella seguía tratando de defenderse de la niebla corrosiva y venenosa. Sin embargo, si se negaba a hacer lo que le sugería Darryl, moriría allí mismo. La idea de morir y pudrirse en la niebla tóxica envió escalofríos por la espalda de Lillian. Aunque lo dudó, no le quedó más otra que aceptar la realidad. Se mordió los labios a regañadientes y caminó hacia los brazos de Darryl para compartir la piel del animal.
‘Qué aroma tan maravilloso’, pensó D